Daniel fue luz en cuatro diferentes reinos de babilonia, el sirvió 4 diferentes reyes: Nabucodonosor, Belsasar, Darío y Ciro. Ninguno de ellos eran del pueblo judío, al contrario, habían hecho su misión conquistar y dejar completamente cautivo a este pueblo. Hace poco jugué un partido de ajedrez con mi esposo (el es pensador) los pensadores son muy bueno en este juego ya que piensan cada jugada muy bien. Yo necesito se un poco más pensadora porque cuando pensaba que había hecho la jugada que me daría el partido llegaba mi esposo con 3 jugadas mucho mejores. Cuando pienso en lo que Dios estaba haciendo en ese tiempo por medio de Daniel, veo a Dios como aquel que tiene el control de lo que sucederá y que simplemente está moviendo a su ficha estrella (Daniel) para conquistar y, efectivamente, cumplir su voluntad. Daniel fue un conquistador. Siempre estuvo en el lugar correcto, a la hora correcta y siendo influencia en un reino impío. Pienso que la mayor batalla que el ser humano enfrenta es la de conquistar su propia vida. El mayor enemigo que nos impide rendirnos, entregarnos u ofrendar totalmente es nuestro propio orgullo y ego. El Pastor César, en su libro Victoria Por La Sangre, nos enseña cómo Jesús en Mateo 4 pudo obtener la victoria al no rendirse ante las trampas del enemigo. El enemigo vino con toda su fuerza para conquistar su vida, y para hacer esto atacó las tres áreas más importantes del ser humano: mente, emoción y voluntad. El enemigo tuvo tres intentos, o tres rounds, para conquistar la vida de Jesús, pero fracasó.

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